| Artículos | 08 DIC 2007

¿Están su red y su empresa preparadas para el tráfico Web 2.0?

CIO

Gracias a la proliferación de las herramientas online agrupadas bajo la denominación común de Web 2.0 –blogs, wikis, podcasts, hilos RSS, etc.-, la interacción en tiempo real a través de los canales Web se está convirtiendo en el medio de comunicación de facto para una gran cantidad de usuarios particulares y corporativos.

Ciertamente, estos mecanismos han abierto nuevas y potentes posibilidades de comunicación entre los usuarios. En la empresa, las herramientas Web 2.0 pueden resultar muy beneficiosas para la colaboración entre los distintos empleados, grupos de usuarios, clientes y socios de negocio, eliminando prácticamente cualquier barrera para una interacción fluida e inmediata, pero también generan inevitablemente retos de diferente naturaleza a la de los que hasta ahora habían tenido que hacer frente los responsables TI corporativos. Con ellas, el control tiende a escapar de sus manos.

Abrumados por todo tipo de preocupaciones, desde los riesgos para la seguridad TI hasta la mencionada pérdida de control sobre sus recursos y aplicaciones, los directores de red se ven en la necesidad de introducir cierto orden en el uso de una Internet cuya naturaleza está cada vez más relacionada con el dinamismo y la riqueza típicos de las interacciones sociales que con la mera navegación.

Aunque el concepto de Web 2.0 puede representar cosas muy diferentes para distintas personas, para los directores de redes empresariales, hace referencia principalmente a dos cosas. Por una parte, a la colaboración interna entre empleados, implicando a menudo elementos generados por los usuarios, como mapas y foros de discusión. Y, por otra, a las aplicaciones de interacción con los clientes y socios de negocio que permiten a personas de fuera de la organización comunicarse entre sí y con los empleados a través del sitio Web de la compañía utilizando herramientas Java o tipo Java.

Tanto en un escenario como en el otro, el resultado no es otro, desde el punto de vista del administrador de red, que una proliferación de aplicaciones y de contenidos flotando sobre la red que él no ha puesto en ella, y de los que ni siquiera puede hacer y mantener un seguimiento inmediato. Para muchos, esta pérdida de control se convierte en una auténtica pesadilla. De hecho, según Riccardo La Rosa, director para interacciones emergentes de la firma de consultoría Molecular, subraya que las cuestiones relacionadas con el control de este tipo de recursos “se han convertido ya en una preocupación de primer orden” para la mayoría de los clientes de la consultora.

Trasladando al usuario parte del control
No obstante, según La Rosa, las empresas también son conscientes de que el problema de mantener bajo control los recursos Web 2.0 dentro de la corporación no admite una solución convencional. Entienden, por lo general, que deben renunciar a una cierta dosis de control si desean tener presencia en el mundo del networking social, algo que, en muchos casos, puede aportarles beneficios capaces de compensar la complejidad que la Web 2.0 introducirá en sus entornos.

A menudo, las organizaciones buscan, según La Rosa, la solución en un proceso de adaptación gradual. “Suelen intentar poner algunos límites al uso de estas aplicaciones y servicios. Admiten alguna pieza de contenido o alguna aplicación para probar cuál es la implicación del usuario. Generalmente, imponen alguna limitación, no permiten que cualquier usuario utilice lo que mejor le parezca”.

Pero Christian Renaud, arquitecto jefe para entornos virtuales en red de Cisco Technology Center, advierte que el control es susceptible de convertirse en un arma de doble filo. “La mayoría de las empresas desean desarrollar políticas de conformidad y estandarizar el uso de los elementos Web 2.0, pero al mismo tiempo tendrán inevitablemente departamentos dentro de la organización que querrán ir más rápido en la introducción de aplicaciones y renegarán si se les presiona e impone demasiado control”.

En esencia, la Web 2.0 democratiza el poder y, por tanto, si se acepta, al menos parte de éste deberá cederse a los usuarios. La única solución al problema, sin violar los principios mismos que inspiran la libre interacción entre usuarios, consiste formar a éstos sobre su responsabilidad en el uso de las nuevas herramientas, dándoles a conocer los riesgos que pueden representar para la empresa. En resumen, para evitar las tensiones entre usuarios y administradores TI en torno a la Web 2.0, según Renaud, la única solución es una comunicación efectiva.

“Será imprescindible favorecer un auténtico diálogo con los diversos grupos de contenido. Cada uno de ellos tendrá diferentes dominios y será por tanto un caso de usuario diferente”, explica Renaud. No tendrán el mismo perfil desde la perspectiva del gestor de red, por lo que deberá acometerse un enfoque específico para cada grupo, huyendo de la tentación de imponer políticas globales que determinen un uso de la Web 2.0 estrictamente delimitado y el mismo para toda la organización, sin atender el punto de vista de los distintos tipos de usuarios.

Impacto de la interactividad sobre los flujos
Una vez el asunto del control haya sido abordado y resuelto dentro de los límites de lo posible, surgirán enseguida las cuestiones relacionadas con la forma de tratar el tráfico Web 2.0, cuya naturaleza se distingue por algunas peculiaridades. Según Robert Hansen, presidente de la firma de consultoría en seguridad Secheory, la naturaleza intrínsecamente no estática de algunos de estos tráficos exigirá el soporte de tasas mucho mayores de tráfico “llamada y respuesta” desde la página Web al servidor que con el tráfico Web 1.0. Las comunicaciones en la Web 2.0 son esencialmente bidireccionales.

“La carga sobre el servidor puede aumentar significativamente si se tienen aplicaciones que suponen enormes cantidades de interacciones –con la consiguiente ida y venida de tráfico entre aquel y la Web-, como es el caso de Google Maps”, explica Hansen. “En lugar de un único mapa estático, se estarán viendo cientos y cientos de cambios dinámicos, que a su vez supondrán otros tantos intercambios de comunicaciones XML. Es una carga mucho mayor para una única página Web de la que se pueda haber tenido hasta el momento”.

Hansen considera que una posible solución a este problema consistiría en aplicar caché al cont

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