GOBIERNO TI | Artículos | 15 MAR 2011

Desterrar la verborrea inflada de promesas

Eugenio S. Ballesteros.
Los responsables de las TIC de la Administración Pública Española sufren una importante falta de liderazgo institucional en los asuntos relacionados con su área de actuación. Sin embargo, la tecnología es esencial para cambiar el modelo económico y funcional actual, que se enfrenta a importantes carencias operativas y está desfasado, desestructurado, es ineficiente y cada vez más distante de la realidad.
En España, el CIO lleva ya unos años librando una persistente cruzada por intentar mantener, al menos, las cotas de eficiencia que venía consiguiendo en épocas mejores, a tenor de su concepto de la responsabilidad y de los niveles de exigencia a los que está sometido. En el sector privado, el CIO, normalmente con dilatada permanencia en la empresa, es bien conocido –y supuestamente respetado y valorado su rendimiento porque, en caso contrario, le despiden inmediatamente– y tiene bien ganado su prestigio y claramente definida su personalidad. Sin embargo, sus colegas del sector público padecen el síndrome de la transitoriedad de los políticos, de los cuales dependen, y trabajan en el alero de la incertidumbre. Su permanencia en el puesto depende siempre y exclusivamente del azar, más que, como debería ser, de sus conocimientos y virtudes profesionales. En estos momentos, por la brutal agresión de la economía a las costumbres y métodos establecidos –que venían proporcionando buenos, y hasta excelentes, resultados– es insoslayable que en el sector público, donde sí se pueden introducir revolucionarias medidas –en el sentido de romper moldes ya obsoletos para estos tiempos– se aplique una terapia innovadora que, con toda seguridad, redundaría en mayor eficiencia y reducción de costes.

Liderazgo TIC deseable
Los gestores TIC de la Administración General del Estado (AGE) y comunidades autónomas –sus CIO– padecen la falta de un liderazgo institucional en los asuntos relacionados con las TIC para que pudiera influir decisivamente en el cambio de un modelo como el actual, con carencias operativas, desfasado, desajustado, desestructurado, ineficiente –económica y funcionalmente hablando– y cada vez más distante de la realidad imperante. Esos CIO podrían contemplar satisfactoriamente que los grandes proveedores TIC de nuestro mercado tuvieran contactos con las AA.PP. para mostrarles modelos de aplicación que hayan evidenciado un alto grado de eficiencia contribuyendo, además, a reducir costes. El problema sería el liderazgo. Porque, ¿a quién se lo propondrían? ¿Quién representaría la visión global de las TIC en la AGE? ¿Existe aquí algo parecido a Kundra –CIO en el Gobierno de Obama– al que pudiera presentársele un nuevo modelo? y ¿en las comunidades autónomas? Porque no se debe dudar de que los grandes proveedores TIC aquí instalados disponen de suficientes experiencias de transformación en el ámbito privado que podrían explicar a ese deseable líder en la AGE, por ejemplo, con modelos que afectasen a cloud computing, externalizaciones o modelos híbridos, entre otros. Si son capaces de demostrar documentalmente los ahorros logrados en empresas privadas –alrededor del 40%– ¿qué se podría conseguir en las AA.PP?

Asumir y liderar cambios en la AGE
Para estar en disposición de asumir cambios en la AGE lo primero que hay que tener es una estrategia, un plan, una agenda, un modelo. Algo que permita seguir un camino que lleve a algún sitio. Un ejemplo revelador y reciente es el del primer ministro de Reino Unido, David Cameron, que ha anunciado, dentro del marco de la Agencia de la Reforma de las AA.PP, un paso más en la estrategia de liberalización de servicios públicos llamada Open Public Services. Básicamente viene a decir que las empresas privadas podrán licitar por servicios que hasta ahora venían prestando en exclusividad las AA.PP. Circunscribiendo el ejemplo al entorno de las TIC, las AA.PP. españolas podrían definir una estrategia que contemplara la posibilidad de que ciertos servicios TIC prestados ahora por funcionarios, pudieran asumirlos empresas privadas. Para sacar adelante la estrategia que se definiera, la AGE debería disponer de liderazgo y esponsorización. Exigencia fácil de cumplir si se tiene en cuenta que en la AGE, actualmente, existen gestores TIC perfectamente capacitados para asumir altas responsabilidades. Lo vienen demostrando, en la medida que les permiten los políticos, haciendo malabarismos para impulsar la modernización.

Propuesta de colaboración
Significaría un notable ejemplo de pragmatismo que tanto en la AGE como en las comunidades autónomas se dejaran aconsejar por quienes disponen de abundantes experiencias respecto a cómo enfocar diferentes tipos de problemáticas –grandes compañías TIC, tanto nacionales como multinacionales, que generan valor en la economía española– y cómo aplicarlas el idóneo tratamiento para conseguir la solución deseada. Se podría plantear, desde la AGE, la creación de una especie de Consejo Consultivo –presidido por el deseable líder en TIC de la AGE y compuesto, asimismo, por CIO de la AGE y por representantes de grandes proveedores TIC– encargado de examinar y valorar propuestas innovadoras de empresas TIC en las que, junto al diagnóstico de la situación actual, se ofrecieran fórmulas de transformación. De este Consejo podría salir la estrategia, única, a seguir por la AGE en materia TIC.
En el ámbito de las AA.PP, en asuntos TIC, hay que desterrar la verborrea inflada de promesas incumplidas a la que tan acostumbrados nos tienen los nefastos políticos.


Eugenio Ballesteros es analista independiente.

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